viernes, 15 de abril de 2022

Propuesta de estudio para identificar el pathos de un auditorio retórico

Introducción

El pathos no se ha podido identificar en un auditorio retórico. Se habla del pathos del diseño, sin embargo, no se encuentra planteado el problema de cómo identificar el pathos, no en análisis de  diseños realizados, ni desde el diseño mismo, o desde descripciones teóricas de lo que es el pathos, sino desde un auditorio concreto. No tenemos una forma para identificar el pathos de un auditorio específico.

Desde la retórica, es necesario conocer al auditorio para  poder diseñar. El pathos es una de las tres dimensiones del discurso retórico que juntas, permiten la persuasión. El estudio del auditorio es necesario para diseñar, así mismo, el pathos es fundamental para alcanzar  la persuasión (al igual que el logos y el ethos), pero ¿existe una relación entre auditorio y pathos? Hasta el momento, parece ser que el pathos es paralelo al auditorio, es decir, que este se estudia desde un eje (el tópico), y el pathos desde otros (diseño emocional desde diversos autores), donde se hace referencia al pathos del diseño, no del auditorio, Es necesario hacer que estos ejes que corren paralelos, se crucen perpendicularmente, para poder lograr argumentos persuasivos, es decir, argumentos que provienen del auditorio y persuasión del pathos.

Si el pathos se ha reconocido necesario en el diseño, y se ha postulado que el diseño contiene emociones (Norman, 2005) ¿de dónde proviene el pathos para diseñar? Es decir, el diseño elaborado contiene emociones, pero ¿quién elabora el pathos del diseño? ¿de dónde se obtiene el pathos? Parece ser que el pathos se ha obtenido hasta la fecha del diseñador mismo, es decir, ha proyectado su subjetividad en el diseño dejando de lado el pathos del auditorio, lo cual hace que la persuasión dependa de una coincidencia proyectiva entre las subjetividades del diseñador y el auditorio.

 Ahora bien, es necesario el estudio del pathos de un auditorio, pero ¿cómo se expresan las emociones de un auditorio? ¿cómo podemos saber lo que un auditorio siente emocionalmente? ¿cómo podemos ver externamente algo que se produce dentro de una experiencia interna? Y más aún ¿de una experiencia interna colectiva? Para comenzar a responder estas interrogantes, es necesario primero recurrir al concepto de experiencia desde la visión de Wilhelm Dilthey (2005: 27), donde “la experiencia interna es la forma primaria de darse la realidad como tal, cuando se consideran sus dimensiones cognitiva, volitiva y afectiva; la experiencia externa es secundaria y derivada de aquella, y es sólo cognitiva.”, es decir, la experiencia puede ser interna y externa. Dicha distinción la realiza el autor para diferenciar la experiencia de las ciencias del espíritu de las ciencias naturales, donde la experiencia externa, alude a las ciencias naturales, y la interna a las ciencias del espíritu. “Esta reflexión sobre la totalidad de la experiencia humana «Empeiría, no empirismo» (GS XlX, 17), expresa muy bien lo que Dilthey pretende - abre un camino lleno de vacilaciones y vacíos, a una concepción de la realidad no escindida, liberada del «atomismo» moderno, que permita pensar tanto la constitución de los individuos como su acción e interacción social” (Dilthey, 2005; 14), en otras palabras, el autor propone una experiencia que evite la reducción atomista de la experiencia externa, que trata de totalizar todo a lo cognitivo. La experiencia que propone es la interna y como menciona el autor, tiene tres dimensiones, la volitiva, afectiva y cognitiva. Es interna, porque da cuenta de “la forma primaria de darse cuenta de la realidad como tal” (Dilthey, 2005:27), es decir, se encuentra al interior del sujeto. La experiencia interior en un primer acercamiento  no se puede conocer externamente, porque se encuentra constituida por la vivencia única del sujeto, ante un suceso.

Ahora bien, ¿si la experiencia es interna como podemos conocer lo que un sujeto siente? Y más aún ¿lo que un auditorio siente? Primero es necesario saber que la experiencia interna implica afección, volición y cognición, lo cual nos ayuda hasta el momento para saber que el sujeto al “darse cuenta de la realidad como tal” (Dilthey, 2005: 14), es decir, percibir el mundo por sus sentidos le permite construir realidad en su interior, ya que “previamente al conocimiento científico-natural del mundo, se encuentra la «experiencia lnterna» como «hecho de conciencia» (GS, l, xix), en el que se da una realidad interna inmediata como conexión vivida desde dentro.” (Dilthey, 2005: 26). Esta construcción de realidad se puede realizar mediante la dimensión afectiva (como una de las tres ya mencionadas), es decir, es una experiencia que construye realidad interna desde el sentimiento.



Ya que sabemos que se puede construir experiencia interna mediante el sentimiento, es necesario saber si esa experiencia puede exteriorizarse. Sandoval plantea que según Dilthey, la experiencia está hecha de lenguaje, es decir, la experiencia interna para construirse, necesita lenguaje y no basta con los sentidos “sólo en el lenguaje encuentra lo interior humano una expresión que sea completa, exhaustiva y objetivamente comprensible” (Dilthey, 2005: 31). El lenguaje es lo que permitirá que la experiencia interna se pueda por un lado, constituir, y por otro, comunicarse a los otros “Ya la continuación de este texto proyecta la interioridad del sujeto hacia un espacio exterior donde se constituye. Éste es el gran descubrimiento de Dilthey en la década de los noventa, y que resulta decisivo para toda la hermenéutica posterior: lo interior sólo se hace accesible, tanto a sí mismo como a los otros, cuando se objetiva exteriormente en una expresión.” (Dilthey, 2005: 28). Lo que nos va a permitir comprender una experiencia interna, es el lenguaje.

La experiencia cuando es interna, es única porque se percibió por los sentidos del sujeto, sin embargo no es consciente, porque no se ha externalizado. Lo que permitirá hacer consciente la experiencia interna es el lenguaje. El lenguaje permitirá la comprensión de la experiencia interna y con ello la consciencia, es decir, el lenguaje y la comprensión serán quienes permitan la consciencia de la experiencia interna.

El autor distingue dos formas de manifestar la experiencia interna, además del lenguaje: la acción y la expresión de una vivencia (Dilthey, 2005: 160,161). La que nos va a ayudar a conocer la experiencia desde su dimensión emotiva es la expresión de una vivencia, la cual a su vez, distingue dos tipos, las de la vida práctica y las de las obras de arte, de poesías y escritura “las que pertenecen al mundo de la vida práctica, sometidas al poder de los intereses […]. Otras, las obras de arte, de poesías, de escritura: su grandeza consiste en que se alzan por encima de la vida práctica y de los condicionamientos del tiempo, y en ellas ya no hay engaño posible. Pueden convertirse precisamente en clásicos: clásicos vivos abiertos siempre a la interpretación, pero donde esta interpretación puede llegar a ser más auténtica.” (Dilthey, 2005: 161). “Puede deducirse que se trata de ademanes, gestos, exclamaciones, escritos u obras de arte. Estos sí que pueden decir plenamente la vivencia que se expresa en ellos, porque hay una particular relación entre ellas como expresiones, la vida de la que brotan y la comprensión que producen.” (Dilthey, 2005: 161). Nosotros nos ubicaremos en las del segundo tipo, es decir, para conocer la manifestación de una vivencia interna desde su dimensión afectiva, nos situaremos en la que el autor denomina “expresión de una vivencia”, específicamente en el tipo que trata de las obras de arte, las poesías y escritura. Haremos énfasis en la escritura, los ademanes, exclamaciones y gestos.

Ahora que contestamos la pregunta ¿si la experiencia es interna como podemos conocer lo que un sujeto siente? Tratemos de responder la siguiente ¿cómo podemos conocer lo que un auditorio siente? Si la experiencia interna solo se puede dar desde el lenguaje, y el lenguaje es construido socialmente, para luego manifestarse de nuevo socialmente, entonces diremos que una experiencia interna sentida por un sujeto, es una manifestación social. No hay en caso alguno, experiencia interna sólo constituida individualmente “Además, la experiencia interna, en la cual yo accedo interiormente a mis propios estados, jamás puede hacerme consciente, por sí misma, de mi propia individualidad. Sólo en la comparación de mí mismo con otros tengo yo la experiencia de lo individual en mí; sólo entonces se me hace consciente lo que, en mi propia existencia, difiere de los otros” (Dilthey, 2005: 25). Por lo tanto, para conocer lo que un auditorio siente, necesitaremos conocer  la “expresión de una vivencia”, en el segundo tipo que trata de la escritura, los ademanes, exclamaciones, gestos y para fines de este trabajo, un elemento que puede conjuntar los anteriores: el habla en interacción social, o dicho de otra forma, la conversación.

Antes de continuar, se hace necesario contestar la siguiente pregunta ¿un auditorio siente? Es decir ¿es posible que algo que no es individual sienta? Para resolver esta pregunta, necesitamos situarnos desde las ciencias sociales, donde se entiende que un conjunto social es irreductible a la suma de quienes lo conforman, y de ahí la necesidad de explicar los fenómenos individuales desde el estado de colectividad, y no viceversa (Vera, 2002: 107), “Es el individuo quien nace de la sociedad y no la sociedad de los individuos” (Durkheim, 2000). En otras palabras, un auditorio es un constructo teórico que abordaremos como un colectivo, más no como la suma de quienes lo conforman (individuos), de modo que los sentimientos que siente un individuo, no son únicamente producto suyo, sino son dados dentro de un contexto social-histórico determinado, es decir, un individuo siente por un fenómeno colectivo. Un auditorio no depende de un número de personas, más bien, se define como un fenómeno colectivo, aún visto numéricamente como un solo individuo. Cuando explicamos a un individuo como fenómeno colectivo, lo necesitamos llamar “sujeto”, porque se encuentra amarrado, agarrado, sujeto (de sujetar) a un tejido social que lo sostiene a su vez simbólicamente (Vargas, 2003), por lo cual, dejaremos el concepto de individuo de lado, por ser un constructo que tiene una concepción «atomista» detrás. Entonces, un sujeto es un auditorio. Ahora ¿puede sentir un auditorio? Un sujeto siente por un fenómeno colectivo, es decir, por elementos que van más allá de su constitución biológica "Hochschild […] nos muestra, fundamentalmente, que las emociones no son un absoluto biológico, sino que están condicionadas por las normas sociales, y que participan de la reflexividad característica de todo fenómeno social (Alarstuey, 2000: 151). Entonces, un auditorio sí siente, porque se encuentra bajo circunstancias sociales en las cuales se producen emociones, es decir, no necesita de un aparato biológico individual para sentir, por ejemplo, una serie de normas escritas en el código de servicio al cliente en un restaurante, donde se exige “mostrar una sonrisa” y “estar alegre”, o un funeral, donde se espera que el sentimiento sea tristeza. Las emociones que pre-determinan a un auditorio son en las que vamos a centrarnos. Nos enfocamos en el pathos desde la perspectiva de la sociología de las emociones. Esta perspectiva no se basa en el sujeto, sino en el actor social, es decir, se basa en el enfoque dramatúrgico de Ervin Goffman (1959), donde se realiza una metáfora de la sociedad como obra de teatro, donde existen actores (ya no sujetos), quienes tienen que actuar basándose en un libreto escrito de antemano, según una escena, es decir, hay escenarios (circunstancias, momentos, lugares), que requieren ciertos libretos (actitudes, palabras, ideas, creencias y sentimientos) que necesitarán ser actuados por los actores. Estaremos manejando el concepto de actor social cuando hagamos referencia a la sociología de las emociones, y la noción de sujetos cuando necesitemos explicar al auditorio como un entramado intersubjetivo. En cualquier caso, se está manejando el concepto de auditorio retórico como sujeto(s) o actor(es) social(es). La decisión de tomar ambas posturas, es porque una actuación si bien como tal es representación teatral, finaliza actuándose tan en serio que termina como un acto que constituye verdad para el actor (Alarstuey, 2000: 161), haciendo así que dicha actuación permita que el actor produzca subjetividad, lo cual ya lo vuelve sujeto.

Hasta ahora hemos visto que un auditorio puede sentir, gracias a que una experiencia interna puede mostrarse mediante la “expresión de una vivencia”, en la conversación. 

Y si un auditorio siente y se expresa mediante la conversación ¿cómo sabemos cuándo siente en la conversación? Pero antes ¿qué es una conversación? Empecemos por definir conversación como “una práctica social a través de la cual se expresan y se hacen posibles otras prácticas. A través de las conversaciones, nos comportamos como seres sociales: nos relacionamos con las demás personas conversando, tratamos de conseguir nuestros propósitos conversando, rompemos nuestras relaciones conversando o dejando de conversar. Incluso cuando pensamos, en solitario, lo hacemos, casi siempre, en forma de diálogo.” (Tusón Valls, 1997: 11). La conversación es la actividad cotidiana por excelencia que permite la vida social. “La conversación hace posible el trabajo cooperativo -manual o intelectual- y es algo así como el motor y el aceite que permite poner en marcha y engrasar las relaciones sociales.” (Tusón Valls, 1992: 12), es decir, la conversación es el habla que por medio de la interacción permite relacionarnos socialmente en la vida cotidiana. Un auditorio se conforma como tal, gracias a la conversación, lo que quiere decir que si queremos conocer un auditorio, necesitamos estar familiarizados con su conversación, porque a través de ella se asoman sus relaciones sociales, que implican acuerdos, ideas colectivas, propuestas para la acción, códigos de interacción, y emociones acordadas colectivamente a través del sentido común. “Conversar se refiere a las relaciones más típicas de la especie humana: las de convivencia, trato y amistad.” (Tusón Valls, 1992: 12), es decir, conversar implica no solo una interacción social racional, sino emotiva. Las emociones se aprenden por sentido común a través de libretos sociales que los actores aprenden, es decir, hay espacios, circunstancias y temas que se pueden tocar sólo a través de guiones preestablecidos, los cuales enseñan de qué forma ha de sentirse emocionalmente. El pathos se construye socialmente a través de libretos sociales que los actores aprenden por sentido común (Alarstuey, 2000: 159) (Hochschild, 2008). Si la conversación es la actividad cotidiana por excelencia que permite la vida social, y el pathos se construye a través del sentido común, entonces se puede decir que el pathos se construye a través de la conversación. La conversación es una actividad colectiva que permite la interacción social a través de las emociones.

Ahora pasemos a la siguiente pregunta ¿cómo sabemos cuando un auditorio siente en la conversación? Si bien, la conversación es una actividad social que incluye entre muchos otros factores, las emociones, necesitamos conocer algún parámetro que nos permita saber cuándo existen emociones. ¿Existen palabras específicas del auditorio que vayan vinculadas con sus emociones? La propuesta de este trabajo, es que si existe un tipo de palabras que se hablan de manera común, y son afines entre los hablantes (Kovalenko, 2010:16), lo cual permite que se constituyan códigos comunes, y como veremos más adelante, emociones colectivas. Este tipo de palabras, son las que se conocen como “registro coloquial”. Podemos definirlo desde la perspectiva de Vigara Tauste como el “resultado de situaciones comunicativas orales “habladas” en que el hablante debe improvisar su lenguaje instantáneamente para “otro” y en función de este “otro”” (Kovalenko, 2010: 16), además podemos agregar desde Lluís Payrató, que se inscribe en situaciones informales "La llengua col·loquial és una modalitat lingüística oral i informal, perquè es manifesta en situacions poc formals i que demanen un ús oral del llenguatge." (Kovalenko, 2010:15), ya que “no som només com parlem i què diem (col·loquialment), sinó també per què i per a què parlem”, es decir, no somos sólo la forma como hablamos y qué decimos, sino también por qué y para qué, y en esto el registro coloquial, se inscribe dentro de un motivo informal que motiva el habla. Hasta este momento se puede ver que este tipo de habla específico, tiene aspectos que pueden propiciar un ambiente que permita un espacio para las emociones colectivas. Enunciaremos algunos rasgos situacionales que según Antonio Briz (Kovalenko, 2010: 16) favorecen el empleo del registro coloquial, para después ver la relación que tienen con las emociones colectivas:

1) La relación de igualdad. Se da por sentado que los interlocutores tengan una situación social similar (que puede estar determinada por la clase social, profesión o estrato sociocultural) o funcional (dada por el papel que tengan en una situación). Hay una relación donde hay menos poder y más solidaridad.

2) La relación vivencial de proximidad. Existe conocimiento mutuo y saber o experiencia común (presuposiciones comunes).

3) El marco discursivo familiar. “Determinado por el espacio físico y la relación concreta de los participantes con ese espacio o lugar.” El lugar es quien determina una forma de comunicación articulada compartida (Vergara, 2013: 43-50).

4) La temática no especializada. “El contenido enunciativo lo constituyen temas al alcance de cualquier individuo. […] En correlación con los anteriores y estrechamente relacionados entre sí, el registro coloquial se caracteriza por una serie de rasgos primarios:  a) La ausencia de planificación o, más exactamente,        planificación sobre la marcha, que favorece la coloquialidad. b) La finalidad interpersonal: la comunicación por la comunicación, el fin comunicativo socializador, la comunión fática y el tono informal, que es, en suma,        el resultado de todos los rasgos mencionados y que, a la postre, sirve para nombrar también el registro coloquial. El término “coloquial” se emplea para referirse a un ámbito cotidiano del uso de la lengua, constituido por un conjunto de situaciones heterogéneas, que tienen suficientes rasgos comunes para agruparlos de forma coherente

Como podemos ver, el registro coloquial se da en un ambiente de igualdad social o funcional, donde el saber es mutuo y la experiencia compartida, que puede llevarse o no dentro de un marco discursivo familiar determinado por un lugar, donde la temática que se toca no es especializada, la cual se caracteriza por ausencia de planificación, y dicha temática es guiada por una finalidad interpersonal. ¿Qué tienen en común estos diferentes rasgos situacionales que propician el uso del registro coloquial? El elemento que los une, es que se producen mediante el sentido común, el cual se construye desde el mundo de la vida cotidiana (Schutz, 1995: 28,29), es decir, desde el mundo que se cree natural desde quienes lo habitan, un mundo del ejecutar. Ese mundo es definitivamente la realidad de quienes lo habitan, es decir, no hay duda de que lo que saben, practican, hacen o creen es una forma de muchas otras. El mundo de la vida cotidiana se invisibiliza a quienes viven en el. Es un mundo no consciente que proporciona una especie de inercia en el vivir diario. En la vida cotidiana se produce el sentido común, es decir, una serie de representaciones comunes a una colectividad que dan “una inercia común” que guía por un sentido, tanto las acciones, ideas, creencias y para fines de esta investigación, los sentimientos. ¿Qué implica que el uso del registro coloquial se favorezca en el mundo de la vida cotidiana? Recordemos lo que decíamos en párrafos anteriores. Decíamos que la conversación era una actividad cotidiana por excelencia que permite la vida social. Ahora, el registro coloquial es un tipo de habla que permite la vida social al igual que la conversación, pero a diferencia de todo lo que implica una conversación, se da únicamente en circunstancias que tocan el sentido común de un auditorio. El sentido común del auditorio es todo el conjunto de circunstancias donde se reproducen significados y representaciones comunes, lo que incluyen creencias, ideas, códigos, acciones, corporalidades y emociones colectivas. Donde hay sentido común hay registro coloquial. Donde hay sentido común hay emociones colectivas. Por lo tanto, donde hay registro coloquial hay emociones colectivas. 

Hasta ahora hemos identificado al registro coloquial como una forma particular que se puede presentar en una conversación, la cual nos muestra emociones colectivas de un auditorio. Nuestras siguientes y últimas preguntas son ¿Cómo podemos estudiar una conversación? y ¿Cómo puedo estudiar el registro coloquial? El procedimiento metodológico de la investigación que nos permitirá identificar el registro coloquial es el análisis de la conversación. Una conversación se puede estudiar desde este procedimiento metodológico, y de igual manera el registro coloquial. El análisis de la conversación “Por una parte, en un sentido muy restringido, se usa para designar una determinada corriente dentro de la sociología, la etnometodología, que se interesa por el estudio de las interacciones y, especialmente, de las interacciones verbales cotidianas u ordinarias. A los seguidores o practicantes de esta corriente se les conoce como etnometodólogos o, simplemente, conversacionalistas” (Tusón Valls, 1997: 13,14). Abramos un paréntesis para aclarar la corriente de donde proviene el análisis de la conversación. La etnometodología fue propuesta por Harold Garfinkel, compañero de Harvey Sacks, quien propuso el análisis de la conversación. Garfinkel fue alumno de Alfred Schutz, de quien utilizamos los conceptos de mundo de la vida cotidiana y sentido común. Sacks fue alumno de Ervin Goffman, en quien nuestra autora Hochschild se basó para realizar su sociología de las emociones. De fondo, tenemos el enfoque fenomenológico sociológico de Schutz, así como el enfoque dramatúrgico de Goffman. Ahora continuemos con el análisis de la conversación “Por otra parte, en sentido más amplio, análisis de la conversación se usa para denominar la actividad que realiza quien estudia las  conversaciones o las interacciones verbales orales” (Tusón Valls, 1997: 14). Como vemos, este procedimiento metodológico es utilizado por la etnometodología para estudiar las interacciones verbales, en cualquier caso, es el estudio que ve la interacción verbal oral como una relación social. Desde este enfoque, entenderemos la conversación como “una actividad humana básica, como «una actividad verbal oral de carácter interactivo organizada (o estructurada) en turnos de palabra» (Cots et al., 1989).” . En este procedimiento metodológico se analiza la conversación, desde los turnos de palabras, es decir, se toma en cuenta quien tiene la palabra y cuando la deja. Hasta que la deja, se toma en cuenta que pasó un turno, para que el siguiente hablante la tome. Hasta que la deje, habrá pasado otro turno. Se tomarán en cuenta los motivos por el cual dejó su turno, ya sea porque el tema cambió o porque le “quitaron” la palabra, sin embargo, esos ya son detalles que describen como utilizar el análisis de la conversación, y ese no es el propósito de este trabajo.

Hasta ahora hemos llegado a completar la propuesta de este trabajo, que es dar una propuesta de estudio para identificar el pathos de un auditorio retórico. Concluyendo, el pathos se puede identificar mediante la conversación de un auditorio, y específicamente, mediante el registro coloquial. Si deseamos identificar el pathos de un auditorio retórico, es necesario estudiar su conversación, y sobre esa conversación, poner atención sobre las palabras que se podrían categorizar como registro coloquial, porque ahí es donde podremos identificar el pathos. Ahora bien, el procedimiento metodológico que proponemos utilizar para estudiar una conversación, es el análisis de la conversación. Apenas pudimos nombrar aspectos bastante generales, sin embargo, es el procedimiento metodológico utilizado para estudiar una conversación, así mismo, puede ayudar a identificar el registro coloquial.



Bibliografía

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Dilthey, Wilhelm (2000). Dos escritos sobre hermenéutica. El surgimiento de la hermenéutica y los esbozos para una crítica de la razón histórica, Madrid: Itsmo

Fehr, B. J. y Pomerantz, A. (2000): “Análisis de la conversación: enfoque del estudio de la acción social como prácticas de producción de sentido”. En: van Dijk, Teun A. Comp. (2000): El discurso como estructura y proceso. Barcelona: Gedisa. Pp.101-139

Goffman, Erving (1959). La presentación de la persona en la vida cotidiana, Buenos Aires: Amorrortu.

Hochschild Russell, Arlie (2008). La mercantilización de la vida íntima. Apuntes de la casa y el trabajo, Buenos Aires: Katz.

Kovalenko, Oksana (2010). Del discurso literario al registro coloquial : uso de los textos y materiales literarios en el aprendizaje ELE, tesis para obtener el grado de Máster en Investigación en didáctica de la lengua y la literatura. Universitat de Barcelona, Barcelona, fecha de consulta: 04 de noviembre de 2013, disponible en: http://diposit.ub.edu/dspace/bitstream/2445/17184/1/Kovalenko_Del_discurso_literatio_al_registro_coloquial%5B1%5D.pdf

Norman, Donald (2005). El diseño emocional. Por qué nos gustan (o no) los objetos cotidianos, Barcelona: Paidós

Rivera Díaz, Luis Antonio (2008). “El papel del auditorio en la invención (inventio) retórica” en Diseño en Síntesis No. 39, Año 19, Segunda Época, Primavera 2008, Universidad Autónoma Metropolitana, Xochimilco. 

Schutz, Alfred (1995) “Sobre las realidades múltiples” en El problema de la realidad social. Escritos 1. Buenos Aires: Paidos. 

Tusón Valls, Amparo (1997). Análisis de la conversación, Barcelona: Ariel.

Vargas Isla, Lilia Esther (2003): “¿La subjetividad del sujeto o el sujeto de la subjetividad?” en: Tras las huellas de la subjetividad, México DF: UAM-X, CSH; 2a. edición


Vera, Héctor (2002). “Representaciones y clasificaciones colectivas. La teoría sociológica del conocimiento de Durkheim” en Revista Sociológica, año 17, número 50, septiembre-diciembre.

Vergara Figueroa, Abilio (2013). Etnografía de los lugares. Una guía antropológica para estudiar su concreta complejidad, Distrito Federal: ENAH.

Villoro, Luis (1992). El pensamiento moderno. Filosofía del Renacimiento, Distrito Federal: El Colegio Nacional y FCE.

jueves, 10 de marzo de 2022

El modelo fractal del triángulo de Sierpinski en C.S. Peirce

Charles Sanders Peirce cuando trabaja con la semiótica, utiliza como modelo la figura geométrica del triángulo.

Un esquema recurrente del autor, cuando explica la semiótica, es el triángulo con 3 triángulos de medidas iguales, dentro.



Así, C.S. Peirce tenderá a utilizar la armonía dentro de la semiótica, ya que cada triángulo menor adentro del triángulo mayor, será un componente de la semiótica, una "parte" de la semiótica.

El modelo no termina aquí, sino que cada triángulo menor tendrá a su vez otros 3 triángulos menores.

A su vez cada triángulo menor tendrá otros 3 triángulos menores.

Lo mismo volverá a ocurrir.


C.S. Peirce es algo que utilizará con frecuencia para explicar la semiótica.

Este modelo se llama triángulo de Sierpinski. Se denomina así a un triángulo fractal, que recibe dentro de sí otros triángulos de la misma forma, pero de menor dimensión.


Reseña A

domingo, 31 de mayo de 2020

Fenomenología y colonialidad: El sentido de los colores blanco y negro como construcción histórica racial de lo bueno-limpio-pacífico y lo malo-sucio- turbio.

El diseñador se encuentra atravesado cotidianamente por la vivencia1 singular de los colores blanco y negro: el color blanco, limpio, aquel que tiene la capacidad de brindar un estado pacífico, y en donde se recubre la idea de lo bueno; el color negro, obscuridad, eso que da miedo, aquello desconocido, en donde la maldad se aloja, color turbio que mancha. Ambos sentidos, el del color blanco y del negro, están atravesados históricamente por la colonización, y con el sistema racial proveniente de la conquista de América, practicada por 3 siglos, y 2 siglos más, por la colonialidad2: al hombre negro, se le nombró históricamente no hombre, animal analogado con el gorila, representante de lo malo y de lo feo, del mal gusto, aquella cosa-animal que existe para trabajar, en relación inferior con su contrario, el hombre blanco, ser ideal que aloja la bondad, aquel que tiene la capacidad de brindar un estado pacífico, y en donde se recubre la idea de lo bueno. Se trata de una vivencia corporal del color, relacionada con el racismo: hombres blanco y negro, se abstrajeron a través de la metonimia a dos partes específicas: sus colores de piel, que terminaron siendo aún más abstractos, el color mismo.

Así, la vivencia de los colores blanco y negro, será una vivencia colonial, que se sella en la corporalidad misma, en lo que siente el cuerpo cuando elige el color blanco para asignar tranquilidad y paz, o negro para recurrir a la mancha, a esa sombra que asigna algo tenebroso o misterioso e inaccesible, y que da miedo. Esta vivencia corporal colonial, permite trabajar al proceso creativo para hacer emerger nuevas tecnologías. Es necesario cuestionar la vivencia misma de ambos colores, y colocar la vivencia corporal del color como algo históricamente formado.

1 Merleau-Ponty, Maurice (1953). Estructura del comportamiento, Buenos Aires: Hachette S.A.
2 Quijano, Aníbal (2000). "Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina", en Lander, Edgardo (comp.) La

colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas, Buenos Aires: CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, pp.201-246.


viernes, 10 de abril de 2020

Ensayo: Una inquietud por relacionar la conferencia cinco de Freud con el análisis de portadas de periódicos de nota roja.

El presente trabajo tiene como objetivo, presentar una inquietud inicial por relacionar el diseño de portadas de periódicos de nota roja, específicamente el acomodo gráfico de una mujer semidesnuda junto a la imagen de un cadáver, con la ganancia sustitutiva de placer erótico que Freud presenta en la conferencia cinco, con la finalidad de conocer si la sexualidad contemporánea se ve influida de alguna manera en algunos lectores asiduos de este tipo de periódicos.
El periódico de nota roja es un elemento de comunicación gráfica utilizado con frecuencia en la actualidad. La prensa tiene un tiraje diario aproximado de 250,000 ejemplares, y se estima que una pieza de periódico es leída aproximadamente por 4 lectores, es decir, 1 millón de potenciales lectores diarios (Alfaro, 2014). Esta cifra pone de relieve que la extensión en la lectura de este tipo de periódicos es considerablemente amplia, y por tanto, es un medio gráfico que puede influir quizá, en diferentes aspectos de la vida cotidiana de los lectores, y para interés de este trabajo, uno de ellos es la sexualidad.
En la conferencia cinco, Freud formula tendencias de la neurosis, una de ellas es la denegación de sus necesidades eróticas en la realidad, lo cual les hace refugiarse en la enfermedad, para hallar en ella una satisfacción sustitutiva de lo denegado (Freud, 1910). Esa huida de la realidad que deniega la satisfacción de las necesidades eróticas, otorga una ganancia inmediata de placer, y se lleva a cabo a través de la regresión, es decir, el regreso a fases anteriores de la vida sexual donde eran satisfechas esas necesidades eróticas; esa regresión se lleva de dos maneras, la temporal y la formal, donde el primero es el retroceso a estadios de desarrollo anteriores en el tiempo, y el segundo, recurre a medios originarios de expresión psíquica, ambos tipos de regresión apuntan a la infancia y constituyen un estado infantil de la vida sexual (Freud, 1910).
Ahora bien, el interés del presente trabajo radica en mostrar mi interés de estudio a lo largo del diplomado: relacionar esas pequeñas ganancias de placer inmediata, las cuales son sustituto de lo denegado en la realidad, y se dan a través de la regresión temporal o formal (y que constituyen un estado infantil de la sexualidad), con una forma particular de comunicación gráfica, las portadas y contraportadas del periódico de nota roja, en la cual generalmente suele mostrarse una mujer semidesnuda, junto a un cadáver.




¿La denegación de las necesidades eróticas en la realidad, en la actualidad encuentra una vía sustitutiva de satisfacción, de alguna manera, en alguna medida en un medio gráfico que se lee con frecuencia, y que presenta una imagen erótica, junto a una de un muerto? ¿Este tipo particular de imagen de un semidesnudo junto a una imagen de un cadáver, representa un elemento que ayuda a sustituir un placer denegado en la realidad, con una ganancia inmediata de placer? ¿Puede representar un elemento de ganancia inmediata de placer sustituto que genera una regresión, en la neurosis, colocar una mujer semidesnuda, exactamente junto a un cadáver? De ser así ¿qué representa en relación a la sexualidad contemporánea? ¿Este tipo de portada puede ser un indicador que ayude a interpretar la sexualidad contemporánea?
Diversos problemas contemporáneos suelen estudiarse desde diversas perspectivas, sociológica, antropológica, psicológica, económica o desde la ciencia dura, biológica o genéticamente, sin embargo, la sexualidad puede permitir estudiar el fenómeno desde un ángulo diferente, lo cual podría ayudar a comprender el fenómeno complejamente, lo cual permite identificar nuevas problemáticas que no podía identificarse desde otros ángulos de estudio. En este sentido, el psicoanálisis de Freud permite estudiar la sexualidad con un conjunto teórico metodológico que ha aportado conocimiento desde una óptica distinta, y que ha perdurado poco más de un siglo. El caso específico que se considera necesario estudiar, es la portada de nota roja que presenta una imagen de un semidesnudo o desnudo, junto a un cadáver, desde el ángulo de la sexualidad concebida desde Freud, lo cual quizá, pueda arrojar resultados que permitan comprender la sexualidad contemporánea.

Referencias
Freud, Sigmund (1910). Cinco conferencias sobre psicoanálisis, un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci y otras obras (Obras completas XI), Buenos Aires: Amorrortu.
Alfaro Víquez, Efrén Giribeth (2014). Los estudios del periodismo de nota roja, Memorias XXVI de la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación A.C. (AMIC), Encuentro Nacional San Luis Potosí, La investigación de la comunicación en México ante la reforma constitucional en materia de telecomunicaciones, radiodifusión y competencia económica, San Luis Potosí, pp. 630-642.