domingo, 31 de mayo de 2020

Fenomenología y colonialidad: El sentido de los colores blanco y negro como construcción histórica racial de lo bueno-limpio-pacífico y lo malo-sucio- turbio.

El diseñador se encuentra atravesado cotidianamente por la vivencia1 singular de los colores blanco y negro: el color blanco, limpio, aquel que tiene la capacidad de brindar un estado pacífico, y en donde se recubre la idea de lo bueno; el color negro, obscuridad, eso que da miedo, aquello desconocido, en donde la maldad se aloja, color turbio que mancha. Ambos sentidos, el del color blanco y del negro, están atravesados históricamente por la colonización, y con el sistema racial proveniente de la conquista de América, practicada por 3 siglos, y 2 siglos más, por la colonialidad2: al hombre negro, se le nombró históricamente no hombre, animal analogado con el gorila, representante de lo malo y de lo feo, del mal gusto, aquella cosa-animal que existe para trabajar, en relación inferior con su contrario, el hombre blanco, ser ideal que aloja la bondad, aquel que tiene la capacidad de brindar un estado pacífico, y en donde se recubre la idea de lo bueno. Se trata de una vivencia corporal del color, relacionada con el racismo: hombres blanco y negro, se abstrajeron a través de la metonimia a dos partes específicas: sus colores de piel, que terminaron siendo aún más abstractos, el color mismo.

Así, la vivencia de los colores blanco y negro, será una vivencia colonial, que se sella en la corporalidad misma, en lo que siente el cuerpo cuando elige el color blanco para asignar tranquilidad y paz, o negro para recurrir a la mancha, a esa sombra que asigna algo tenebroso o misterioso e inaccesible, y que da miedo. Esta vivencia corporal colonial, permite trabajar al proceso creativo para hacer emerger nuevas tecnologías. Es necesario cuestionar la vivencia misma de ambos colores, y colocar la vivencia corporal del color como algo históricamente formado.

1 Merleau-Ponty, Maurice (1953). Estructura del comportamiento, Buenos Aires: Hachette S.A.
2 Quijano, Aníbal (2000). "Colonialidad del poder, eurocentrismo y América Latina", en Lander, Edgardo (comp.) La

colonialidad del saber: eurocentrismo y ciencias sociales. Perspectivas Latinoamericanas, Buenos Aires: CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, pp.201-246.


viernes, 10 de abril de 2020

Ensayo: Una inquietud por relacionar la conferencia cinco de Freud con el análisis de portadas de periódicos de nota roja.

El presente trabajo tiene como objetivo, presentar una inquietud inicial por relacionar el diseño de portadas de periódicos de nota roja, específicamente el acomodo gráfico de una mujer semidesnuda junto a la imagen de un cadáver, con la ganancia sustitutiva de placer erótico que Freud presenta en la conferencia cinco, con la finalidad de conocer si la sexualidad contemporánea se ve influida de alguna manera en algunos lectores asiduos de este tipo de periódicos.
El periódico de nota roja es un elemento de comunicación gráfica utilizado con frecuencia en la actualidad. La prensa tiene un tiraje diario aproximado de 250,000 ejemplares, y se estima que una pieza de periódico es leída aproximadamente por 4 lectores, es decir, 1 millón de potenciales lectores diarios (Alfaro, 2014). Esta cifra pone de relieve que la extensión en la lectura de este tipo de periódicos es considerablemente amplia, y por tanto, es un medio gráfico que puede influir quizá, en diferentes aspectos de la vida cotidiana de los lectores, y para interés de este trabajo, uno de ellos es la sexualidad.
En la conferencia cinco, Freud formula tendencias de la neurosis, una de ellas es la denegación de sus necesidades eróticas en la realidad, lo cual les hace refugiarse en la enfermedad, para hallar en ella una satisfacción sustitutiva de lo denegado (Freud, 1910). Esa huida de la realidad que deniega la satisfacción de las necesidades eróticas, otorga una ganancia inmediata de placer, y se lleva a cabo a través de la regresión, es decir, el regreso a fases anteriores de la vida sexual donde eran satisfechas esas necesidades eróticas; esa regresión se lleva de dos maneras, la temporal y la formal, donde el primero es el retroceso a estadios de desarrollo anteriores en el tiempo, y el segundo, recurre a medios originarios de expresión psíquica, ambos tipos de regresión apuntan a la infancia y constituyen un estado infantil de la vida sexual (Freud, 1910).
Ahora bien, el interés del presente trabajo radica en mostrar mi interés de estudio a lo largo del diplomado: relacionar esas pequeñas ganancias de placer inmediata, las cuales son sustituto de lo denegado en la realidad, y se dan a través de la regresión temporal o formal (y que constituyen un estado infantil de la sexualidad), con una forma particular de comunicación gráfica, las portadas y contraportadas del periódico de nota roja, en la cual generalmente suele mostrarse una mujer semidesnuda, junto a un cadáver.




¿La denegación de las necesidades eróticas en la realidad, en la actualidad encuentra una vía sustitutiva de satisfacción, de alguna manera, en alguna medida en un medio gráfico que se lee con frecuencia, y que presenta una imagen erótica, junto a una de un muerto? ¿Este tipo particular de imagen de un semidesnudo junto a una imagen de un cadáver, representa un elemento que ayuda a sustituir un placer denegado en la realidad, con una ganancia inmediata de placer? ¿Puede representar un elemento de ganancia inmediata de placer sustituto que genera una regresión, en la neurosis, colocar una mujer semidesnuda, exactamente junto a un cadáver? De ser así ¿qué representa en relación a la sexualidad contemporánea? ¿Este tipo de portada puede ser un indicador que ayude a interpretar la sexualidad contemporánea?
Diversos problemas contemporáneos suelen estudiarse desde diversas perspectivas, sociológica, antropológica, psicológica, económica o desde la ciencia dura, biológica o genéticamente, sin embargo, la sexualidad puede permitir estudiar el fenómeno desde un ángulo diferente, lo cual podría ayudar a comprender el fenómeno complejamente, lo cual permite identificar nuevas problemáticas que no podía identificarse desde otros ángulos de estudio. En este sentido, el psicoanálisis de Freud permite estudiar la sexualidad con un conjunto teórico metodológico que ha aportado conocimiento desde una óptica distinta, y que ha perdurado poco más de un siglo. El caso específico que se considera necesario estudiar, es la portada de nota roja que presenta una imagen de un semidesnudo o desnudo, junto a un cadáver, desde el ángulo de la sexualidad concebida desde Freud, lo cual quizá, pueda arrojar resultados que permitan comprender la sexualidad contemporánea.

Referencias
Freud, Sigmund (1910). Cinco conferencias sobre psicoanálisis, un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci y otras obras (Obras completas XI), Buenos Aires: Amorrortu.
Alfaro Víquez, Efrén Giribeth (2014). Los estudios del periodismo de nota roja, Memorias XXVI de la Asociación Mexicana de Investigadores de la Comunicación A.C. (AMIC), Encuentro Nacional San Luis Potosí, La investigación de la comunicación en México ante la reforma constitucional en materia de telecomunicaciones, radiodifusión y competencia económica, San Luis Potosí, pp. 630-642.









miércoles, 22 de enero de 2020

Perspectivas del diseño gráfico Contemporáneo

Luis Enrique Peñuelas Carrillo
haguen1386@hotmail.com

El diseño gráfico en sus orígenes, se ubicó históricamente en un período particularmente moderno. La idea del progreso atestó las primeras concepciones sobre el diseño, por ejemplo, la linealidad, una característica del progreso se expresó en Kandinsky en sus reflexiones sobre las formas, trasladó la idea del pedagogo suizo Pestalozzi (quien influyó sobre Froebel, principal reformador educativo progresista del siglo XIX, del que la Bauhuaus tomaría su modelo educativo sobre diseño) que pone al cuadrado como el fundamento de todas las formas, hacia cualquier fenómeno exterior e interior al ser humano, mencionado que todo se podría volver una expresión lineal; se pensaba que la complejidad de la naturaleza se podía descomponer en sus formas constituyentes (Lupton y Miller; 5-32).
Además de la idea de progreso, como se pudo notar, también el diseño gráfico en sus inicios tuvo  la creencia en el reduccionismo y el atomismo de los fenómenos de la naturaleza. El reduccionismo es un ideal analítico característico de la ciencia moderna, donde

“para comprender hay que separar y luego entender las relaciones. No basta, sin embargo, con separar partes, también hay que comprender esas partes. Para comprender las partes hay que separarlas
en partes, ahora hay que comprender las partes de las partes, para comprender las partes de las partes hay que separarlas en partes, y entonces estarán allí las partes de partes de las partes de las partes. Un proceso que,en principio, pareciera no tener límites.” (Pérez Soto, 1998; 243).

Esos sin límites propuestos por el análisis reduccionista se encuentran con un tope, brindado gracias al atomismo, el cual postula 

“reducir los problemas a sus “naturalezas simples”, a sus elementos. El átomo, considerado como concepto, es lo que ya no pude ser dividido (…) En el determinismo universal todo puede sr conocido, porque el an´lisis tiene un límite, tiene como límite al átomo. El átomo es la realidad esencial a partir de la cual se articulan las otras realidades, se articulan como mecanismos.”(Ibídem).

Al progreso, el reduccionismo y el atomismo de quienes fundaron oficialmente el diseño gráfico, se le puede añadir la creencia en la objetividad, pues pensaban que los sujetos podían ser distintos a los objetos (en su caso, de lo que producían como objetos de diseño, como el tipo universal de Herbert Bayer), creyendo que se podían producir obras de diseño independientemente de los sujetos, pues al ser lo opuesto, se consideraría algo nocivo, una interferencia entre la verdad que el objeto brinda, sería una distorsión de lo que es tal como es (Ibídem; 235, 236). Para Bayer, el tipo Universal trascendería los caprichos pasajeros de la cultura, basándose en leyes objetivas, es decir, alejadas de las intenciones de cualquier sujeto (Lupton y Miller; 38).

Muchos integrantes de la Bauhaus esperaba encontrar leyes universales en el diseño gráfico, debido a que creían que “el futuro dependía de leyes “universales” de la razón desvinculadas de las limitaciones de la cultura tradicional” (Ibídem), por ejemplo, los estudios sobre la relación entre el color y la forma de Kandinsky y el tipo Universal de Bayer, el cual representaría el intento de diseñar con formas tan “esenciales” que debido a su inapelable objetividad, se entendieran como universales (Ibídem).


A las ideas de progreso, reduccionismo, atomismo y objetivismo, debemos agregar una más: la idea de individuo. Antes de la modernidad la construcción social de individuo no existía. Esta noción deja de lado principios de convivencia basados en la amplia afinidad de intereses, creencias y fidelidades y la homogeneidad de prácticas y pensamientos (Ferreira, 2008; 4). 
El artista en la Edad Media si bien tenía un papel privilegiado en la sociedad, con la construcción moderna de individuo, se llenará de atributos que le hacen tener un estatus especial en la sociedad. Algunos tópicos que describen el artista moderno lo muestran como alguien cercano a Dios, se le considera otro creador, por tanto, se considera un dios, al ser un hombre especial que crea su mundo, pudendo retar al que hegemónicamente existe (Ozuna, 2009). A nuestra figura de artista moderno, en la Bauhaus tendría además otra idea que le permitiera concebirse aún más especial, el cual viene propuesto por los ideales de Rousseau (quien influenció a Pestalozzi, el cual influyó a su vez a Froebel, del cual la Bauhaus basaría su modelo educativo), quien “argumentaba que la educación es el cultivo de facultades innatas más que la imposición de conocimientos” (Lupton y Miller; 5), en otras palabras, la noción de talento se incluiría en la idea del artista.
A esto podemos agregarle otras concepciones nacidas en ese contexto gracias a la idea de individuo, pues esa construcción provocó que concepciones de distinta índole (económica, social, política, etc.) se modificaran, surgiendo de esta manera (lo cual no podría haber surgido a su vez por otras nociones del momento, tales como el capitalismo naciente)  “la división del trabajo, la interdependencia, la especialización funcional” (Ferreira, 2008; 4), lo cual se reflejó en la actividad del artista reducida a una sola: su trabajo artístico, esto por un lado, y por otro la constante paradoja entre sus temas libres, retadores y su dependencia de que su trabajo se venda para poder mantenerse, lo cual hace que la obra de arte se vaya manifestando cada vez más como mercancía, hasta llegar a dejar al cliente en primer plano (Ozuna, 2009).

En general, los orígenes del diseño gráfico se sitúan en la modernidad, lo que le hace verse como una disciplina atiborrada de ideas como progreso, la cual “engloba el tener fe” en el futuro, porque “el avance que se ha dado en las ciencias, puede repetirse en la moral y en la política” (Gray, 2004), también en la sociedad, la cultura y el arte, lo cual llevaría a pensar que existe un arte que puede ayudar a pensar en un futuro mejor, lo que permitió el surgimiento del diseño gráfico.
Esa idea de un arte que permitiera alcanzar un futuro mejor, se llevaría a cabo por individuos dotados de talento, especiales y creadores de mundos alternos al que existe, esto a través de un conocimiento que encarnara la noción de objetividad, es decir, la ingeniería (por contener un lenguaje matemático, exacto e incapaz de mentir y ser manipulado); en ese contexto, estaba la creencia en que lo único que podría sacar adelante eran las ciencias que dotaban conocimiento práctico, conocimiento  que se pudiera hacer tangible (el positivismo lógico estaba en auge, las pretensiones marxistas de poder tener un conocimiento que se acercara a la sociedad y le ayudara a progresar, se representaba por esta corriente epistemológica, lo que significó a su vez que la metafísica por ser conocimiento no aplicable, dejaría desde entonces, dejarse de considerarse conocimiento). Luego entonces, en la Bauhaus se creería que la mejor estrategia
para ese nuevo arte que pretendía crear un futuro mejor, debía ser la unión del artista con la industria, tal como la proclamó el fundador de la escuela, Walter Gropius, quien proclamó que sólo esa unión “generaría productos asequibles y “esenciales”” (Lupton y Miller; 40).
 El tipo Universal representaba el proyecto más ambicioso de unir la industria con el artista, pues en su formación  incluyó “ las técnicas de producción en masa y los métodos racionalizados del ingeniero” (Ibídem).
Los orígenes del diseño gráfico permiten comprender como repercute en su concepción y práctica actual. Hoy en día se piensa que el diseño gráfico como una disciplina que puede ayudar a alcanzar futuro mejor gracias al talento de sus diseñadores gráficos dotados de razones objetivamente irrefutables que los guían por medio de la inspiración a crear sus diseños dotados de un estilo que paradójicamente adoptan como aquello que los caracteriza de los demás mortales (como al comienzo de la concepción moderna del artista), pero que a su vez se guía por reglas objetivas y razonables que nada tienen que ver con su subjetividad, fundamentándose científicamente (como en la Bauhaus). 
A esto podemos agregar la especialización de las áreas de conocimiento surgida desde la modernidad, lo cual aunado a lo anterior deviene en una disciplina que pretende ayudar a un futuro mejor a través de sus artistas (que a la vez son una especie de ingenieros), que debido a la especialización de las áreas, ayuda sin saber a quién ayuda o para que ayuda, tenemos diseñadores gráficos que a través de fundamentos objetivos y revestimientos estilísticos, inventan las necesidades de quienes ayuda con sus diseños.

En base a lo anterior podemos comenzar a plantearnos cuales son las inconsistencias históricas que tiene el diseño gráfico desde lo que se consideran sus orígenes (si bien no se hizo en este ensayo, cabría considerar el modelo que presenta la escuela de ULM).

Cuando el diseño gráfico tiene la idea de progreso, ocurre por un lado, que trata de ver por lo que se considera un futuro mejor, es decir, aspira a un modelo ideal de futuro en el que se tiene fe (Gray, 2004). 
La crítica al hecho de que el diseño gráfico tenga inmiscuida esa idea, consiste en que funciona como una disciplina que pretende reproducir un modelo económico-político-social surgido en un momento que pretendió solucionar problemas concretos. En el libro Der Tunnel, se describe lo que pasaba por la mente de los progresistas europeos, quienes imaginaban un encuentro entre viejo y nuevo mundo gracias a las maravillas de ingeniería, lo cual representaba una cultura homogénea y universal, moldeada por la eficiencia del ingeniero; Estados Unidos era su vivo ejemplo de futuro (Lupton y Miller; 40), esto nos ayuda a ver como plantean un modelo homogéneo a seguir para estar avanzado y dicho modelo se sitúa en un país del centro. El progreso tiene un modelo a seguir por el que el progreso se mide, y una periferia que sólo aspira a los que se le dice que debe hacer para progresar, sin poder hacerlo, pues el progreso al ser lineal, sólo permite que uno progrese. 
Entonces se podría pensar en el diseño gráfico como una disciplina que pretende ayudar a la gente, lo cual es muy distinto a quererle refrescar su fe en el futuro que “ya casi llega”.
Por otro lado, la misma idea de progreso contempla linealidad, es decir, solamente ve por una solución (social, económica, política, etc.) en problemas distinta índole, se piensa que los problemas tienen una solución “esencial” (como las formas en que pensaba Kandinsky).
La crítica a la linealidad en el diseño gráfico radica en que no se podrían plantear distintas soluciones desde distintos enfoques, al concebirse los problemas como unidireccionales.
Luego entonces, se podría pensar al diseño gráfico como una disciplina que aborda sus problemas desde distintos puntos de vista; es necesario pensar al diseño gráfico como algo complejo (dinámico y no lineal). 
“El nuevo centro son las interacciones indefinidas que tienen lugar dentro del curso de la naturaleza, que no está fija ni completa, pero que es capaz de direccionar a nuevos y diferentes resultados a través de mediaciones de operaciones intencionales. (…) Sin embargo un problema persiste entre diseñadores y miembros de la comunidad científica, y es que se tiende a dejar muy poco espacio para reflexionar sobre la amplia naturaleza del diseño y su relación con el arte y las ciencias, industria y manufactura, la comercialización y distribución y el público en general que en última instancia utiliza los resultados del pensamiento del diseño.” (Buchanan; 2,4).
El pensar en soluciones lineales inevitablemente trae consigo la idea de especialización no interdisciplinaria, lo cual afecta hoy en día al diseño gráfico (salvo en casos muy rescatables, donde se conjunta al diseño gráfico con otras disciplinas, como retórica, ciencias cognitivas, sociología, etc.).
La crítica a la práctica y concepción del diseño desde este punto, ve al diseño limitado y encerrado dentro de sí mismo, orillado por una manera de pensar a estar encerrado en un límite, al pensarse como “parte”  (la palabra por sí misma connota límite y falta de conexión) se queda con el pensamiento que tuvo en sus orígenes (para fines de este ensayo, la Bauhaus).
Se puede pensar en una interdisciplinariedad donde el diseño gráfico se tiene que mirar dentro de un entramado subjetivo que atraviesa una cultura, lo cual ayudaría sin duda a solucionar de manera más sólida problemas de comunicación, dejando de lado explicaciones reduccionistas justificadas en modelos matemáticos o artísticos absolutos, los cuales son válidos y aplicables si se toman en cuenta junto con otras explicaciones, pero de no brindar más explicaciones que esa, se puede denotar que “el concepto de estilo auténtico queda desenmascarado en la industria cultura como equivalente estético del dominio” (Adorno y Horkheimer,1988 ;6), haciéndonos volver a pensar en la idea del artista moderno.
Cuando se pretenden dar soluciones basadas en un estilo o en un ideal absoluto, enmascarado de objetivo, nos remitimos inmediatamente al diseñador gráfico como equivalente al individuo moderno o al ingeniero que fundamenta al progreso a través de sus fórmulas matemáticas.
La crítica a esta visión se ubica al mirar al diseñador gráfico como lineal y no interdisciplinario, por lo tanto incapaz de dar soluciones que coincidan con necesidades de gente que ignora, debido a sus justificaciones objetivo-estilísticas, basadas en la creencia del talento nato y la necesidad de estar alejado de la gente para poder acceder a la verdad de forma impoluta. Al pensar de esta manera, el diseñador lejos de tener un estilo único y alejado de la cultura, reproduce un conjunto de conocimiento que introyectó de su cultura inconscientemente, “la obra misma, se encuentran afectadas por el sistema de las relaciones sociales en las cuales se realiza la creación como acto de comunicación (…) cada uno de ellos está determinado por su pertenencia a este campo: en efecto, debe a la posición particular como sistema de relaciones entre los temas y los problemas, y, por ello, un tipo determinado de inconsciente cultural” (Bourdieu, 2002; 8-10), utilizándolo sin saber que lo utiliza y por tanto, no aprovechándolo y quedándose con una creencia ilusoria que lo aleja. 

La solución podría ubicarse al deconstruir la noción misma de creatividad, donde en lugar de no contemplar a la gente, sea necesario contemplarla para poder ser creativo, “El conocimiento, por parte del orador, de aquellos cuya adhesión piensa obtener es, pues, una condición previa a toda argumentación eficaz.”(Perelman, 1989; 56),  es decir, se requerirá contemplar al auditorio sin dejar de lado al diseñador. Se debería diseñar tomando como inicio al auditorio y como desviación a la astucia del diseñador, dependiendo el problema que se intente resolver. “Comparables movimientos son evidentes en cada profesión del diseño: su preocupación primaria comienza en un área, pero la innovación viene cuando la selección inicial es reposicionada en otro punto dentro del marco de referencia, con nuevas preguntas e ideas.” (Buchanan; 7). Dichos de otro modo, el diseñador deberá investigar al auditorio desde sus creencias (tópicos) para comenzar a elaborar su discurso desde sus necesidades:

“Apelar a un tópico no sólo es necesario, sino que es ineludible. Los tópicos son relatos condensados cuyo peso específico es tal, que cualquier audiencia los reconoce. Ahora bien, los lugares comunes sirven para hacer aceptar o hacer rechazar cualquier propuesta, si el creador hace conciencia de los tópicos identificándolos y comprendiendo el argumento al que sirven, podrá no sólo reconocer un tópico cuando lo vea, sino que lo hará conscientemente, así evitará repetir, imitar ciegamente, descubrir el “hilo negro” de la creatividad, éste será el principio del camino hacia la constitución de un “estilo” personal o ideolecto que lo distinga del resto de los creadores.” (Ozuna, 2007)

Pensar en el auditorio para poder formular el discurso es necesario, aunque eso no podría hacerse si se tiene la convicción moderna de que el mejor diseño es aquel que se encuentra menos influenciado por la cultura, ya que la verdad no se presenta de forma subjetiva, sino objetiva.
La crítica a la objetividad nos permite observarla como una construcción hecha para tener lo que se considera como verdad, solo accesible a unos cuantos, concretamente los científicos. De ahí la necesidad de la Bauhaus de atribuirse algo de científico en sus estudios. La objetividad se suele mostrar como análoga a la inspiración artística, puesto que sólo llega no al que fue inspirado por la divinidad, sino al que lo fue por la luz de la razón (lo cual en el fondo es lo mismo en sus pretensiones, pero con palabras distintas). Al pensar en la objetividad, estamos obligados a estar lejos de la gente, de lo que piensa y de sus necesidades (puesto que se requiere objetividad y no subjetividad), lo cual para elaborar soluciones que resuelven sus problemas, trae consigo ideas como el querer solucionar algo que ni siquiera se conoce, puesto que el problema viene de la gente, más no de supuestos que el diseñador se inventa (principios geométricos, convenciones estilísticas fuera de contexto, etc.).
Lo que se podría hacer es valorar el papel que tiene la gente en la solución del problema, pues de ella se saben las necesidades y los problemas en situaciones concretas:

“Para quien argumenta, el presunto auditorio siempre es una construcción más o menos sistematizada. Se puede intentar determinar sus origenes psicológicos o sociológicos; pero, para quien se propone persuadir efectivamente a individuos concretos, lo importante es que la construcción del auditorio sea la adecuada para la ocasión.” (Perelman, 1989; 55)

Es necesario deconstruir la idea de que la gente se aleja de la verdad; en este caso ellos son los que proporcionan lo que podríamos considerar no verdadero, pero si pertinente a una situación que requiere solución a problemas de provienen de ellos, es necesario considerarlos cerca del camino que nos guía a la solución más pertinente “La argumentación efectiva emana del hecho de concebir al presunto auditorio lo más cerca posible de la realidad.” (Ibídem; 56).

Es necesario conocer donde están paradas circunstancialmente las personas  “El estudio de los auditorios podría constituir igualmente un capitulo de sociologia, pues, más que de su carácter propio, las opiniones de un hombre dependen de su medio social, de su entorno, de la gente con la que trata y entre Id que vive.” (Perelman,1989; 56). También se requiere conocer el fondo de las circunstancias, es decir, el entramado subjetivo que les sujeta, el sistema de signos que los constituye como cultura y como sujetos.



Para pensar en esto, ya se tiene que tomar en cuenta la interdisciplinariedad, pues se requerirán disciplinas que nos esclarezcan lo que piensa la gente, lo que siente, lo que cree, etc., todo desde distintos puntos de vista.

“La preocupación por el auditorio transforma ciertos capítulos de los antiguos tratados de retórica en verdaderos estudios de psicología. En la Retórica, Aristóteles. al hablar de auditorios clasificados
según la edad y la fortuna, inserta varias descripciones, sutiles y siempre válidas de psicología diferencial” (Ibídem; 56)

En la actualidad se suele concebir al diseño gráfico como una disciplina que se ubica como traductora de signos, es decir, que se encarga de mediar entre el cliente –empresa- y el producto (Costa; 3).
La crítica sería que colocar en un lugar con poca relevancia en la producción de ideas al diseño gráfico, lo pone de manifiesto como instrumento de comunicación, donde se traduce de una idea a un producto. En este punto, la traducción no es solo traducción, ni es una herramienta técnica, sino es un trabajo de interpretación que pone sobre la mesa signos de una cultura que son puestos en circulación. Por otro lado, el modelo de Costa pone al diseño gráfico en un lugar sin contacto con el auditorio, siendo su referente más inmediato la empresa, es decir, una instancia que ya tiene un punto de vista sobre la solución de un problema, misma que utiliza al diseño como trabajo técnico, de manufactura. Este modelo pone al diseño gráfico en un contexto económico-político muy concreto que no ayuda más que a reproducirlo acríticamente (pues de hacerlo críticamente, simplemente el diseño no se vende).

La propuesta es que ni el diseño gráfico, ni el diseñador gráfico, tienen que ver sólo por sí mismos, ni con un cliente; se debe comprender que se encuentra inmerso en un sistema de signos, en un tejido que a todos nos sujeta complejamente, lo cual trasciende a un contexto político-económico que a diferencia de los signos, no suele ser tan perdurable 

“Irreductible a un simple agregado de agentes aislados, a un conjunto de adiciones de elementos simplemente yuxtapuestos, el campo intelectual, a la manera de un campo magnético, constituye un sistema de líneas de fuerza: esto es, los agentes o sistemas de agentes que forman parte de él pueden describirse como fuerzas que, al surgir, se oponen y se agregan, confiriéndole su estructura específica en un momento dado del tiempo.”
(Bourdieu; 2002; 9)
. 
“No hay área en la vida contemporánea donde el diseño – el plan, proyecto o hipótesis de trabajo la cual constituye la “intención” en la operación intencional - no sea un factor significativo en la formación de la experiencia humana.” (Buchanan; 4), pues al ser una disciplina que aporta signos que conforman la cultura, le hace convertirse en un área estratégica del conocimiento, pues ella (junto con otras disciplinas, claro está) hace posible que un sistema de signos específicos se ponga en circulación día con día, permitiendo que grupos sociales se conformen y desaparezcan; que personas se proyecten en los mensajes, afirmando formas de pensar y actuar en el mundo 

“E1 mundo entero es pasado por el cedazo de la industria cultural. La vieja esperanza del espectador cinematográfico, para quien la calle parece la continuación del espectáculo que acaba de dejar, debido a que éste quiere precisamente reproducir con exactitud el mundo perceptivo de todos los días, se ha convertido en el criterio de la producción.” (Horkheimer y Adorno, 1988; 4);

Que un contexto se identifique o se controle por un gobierno a través de sus tópicos; que la gente se identifique y se regule a través de un conocimiento que se difunde como verdadero y hegemónico a través de signos que le permiten estar de acuerdo con ello.

“Para tener algo de idea de qué tan extenso es el diseño en la vida contemporánea, considérense las cuatro grandes áreas en las que el diseño es explorado por todo el mundo por diseñadores profesionales y por otros que no se ven a sí mismo como diseñadores. La primera de esas áreas es el diseño de comunicaciones simbólicas y visuales (…) La segunda área es el diseño de objetos materiales (…) La tercera área es el diseño de actividades y servicios (…) La cuarta área es el diseño de sistemas complejos o ambientes para vivir, trabajar, jugar y aprender.” (Buchanan; 5,6)


Para terminar, digamos que las perspectivas del diseño gráfico contemporáneo tienen que ir más de las creencias que el diseño gráfico tuvo en sus inicios (Bauhaus), dejando de lado ideas como el progreso, la linealidad, reduccionismo-atomismo, especialización, objetividad, individuo como átomo de la sociedad…
Todas estas ideas permean en la práctica y en la concepción del diseño gráfico actual, haciéndole permanecer ajeno a la gente por tratar de solucionar problemas desde posturas objetivas que a su vez hablan de la gente sin estar en contacto con ella. Es la distancia con la gente y toda la red de implicaciones alrededor de ello (especialización, linealidad, etc.), lo que ha hecho que hasta hoy se tenga al diseño gráfico como una disciplina sin relevancia en la cultura, puesto que no puede intervenir en situaciones donde no se mete.
Para poder hacer que el diseño gráfico se reconozca como una disciplina que repercute a la cultura, en tanto pone en circulación un sistema de signos, se deben dejar de lado la red de creencias modernas que no posibilitan que el diseño gráfico intervenga en las necesidades de la gente.


Bibliografía
  • Lupton, Ellen y Miller Abbott,  El ABC de triángulo, cuadrado y círculo: La Bauhaus y la teoría del diseño. Ed. Gustavo Gili, México.
  • Ozuna, Mariana, “Los tópicos como liberadores de la creatividad” en tÓpica y Diseño, blog electrónico, México, 2007.
  • Ozuna, Mariana, Seminario de Tópica y Diseño, UAM-X, México, 2009.
  • Perelman, Chaim y Olbrechts, Tyteca, Tratado de la argumentación. La nueva Retórica, Ed. Gredos, Madrid, 1989.
  • Ferreira, Migue A.V., Modernidad, Individuo y Diversidad Funcional: Una Infundamentación Ética, Intersticios. Revista Sociológica de Pensamiento Crítico, Vol. 2, 2008
  • Pérez Soto, Carlos, Sobre un Concepto Histórico de Ciencia. De la Epistemología Actual a la Dialéctica, Universidad de Arcís, Serie Punto de Fuga, Santiago de Chile, 1998. 
  • Bourdieu, Pierre, Campo de Poder, Campo Intelectual, Ed. Montressor, colección jungla simbólica, 2002.
  • Costa, Joan, Diseño y Comunicación.
  • Morin, Edgar, Introducción al Pensamiento Complejo, Ed. Gedis, España, 1995.
  • Gray, John, Una Ilusión con Futuro, Artículo de la Revista Letras Libres, año 2004.
  • Buchanan, Richard, Problemas perversos en el pensamiento de diseño.
  • Max Horkheimer y Theodor Adorno, “La industria cultural. Iluminismo como mistificación de masas”, publicado en Dialéctica del iluminismo, Ed. Sudamericana,

Buenos Aires, 1988.

lunes, 14 de octubre de 2019

La Inventio retórica


Luis Enrique Peñuelas Carrillo
haguen1386@hotmail.com


En el proceso retórico, se nombran distintas fases: intellectio, inventio, memoria, elocutio, dispositio y actio. Al tratar de abordar a la Inventio nos vamos a encontrar con un paso previo, la Intellectio, quien es incluída por Aristóteles y Helena Beristáin (quien sigue fiel al primero) junto con la Inventio, nombrándolas como una formulación de preguntas ¿Qué? ¿Quién? ¿Dónde? que ayudarán a situar la circunstancia específica de la enunciación del discurso (Rivera, 2007). Para Antonio López Eire, la Intellectio es una operación donde ya está presente el auditorio, es decir, se contempla a quien recibirá el discurso, se reflexiona acerca de él, para que a la hora de enunciarlo no caiga en el vacío por su ineficacia, lo cual sólo puede ser resultado de la falta de enlace entre auditorio y orador (Rivera, 2007). Para Lausberg, la Intellectio y la Inventio se sitúan en la Res, en el Qué del discurso. Distingue a uno del otro, al ubicar a la Intellectio como operación reflexiva donde comprenden ideas y pensamientos respecto a la causa de la controversia entre orador y auditorio, siendo la operación fundamental para la construcción del discurso. En este momento se piensan las posibles refutaciones del auditorio. La Intellectio es la guía del resto de las operaciones; establece un espacio donde se consideran las opciones a favor y en contra antes de tomar una decisión. Mientras que la Inventio es un proceso activo y creador, es decir, es productiva. (Rivera, 2007).

En la tradición grecolatina, la Inventio es la primera fase del discurso retórico, encargada de prepararlo en su contenido, abarcando la selección de argumentos e ideas como instrumentos intelectuales que convencen, y afectivos que conmueven para lograr la persuasión (Beristáin, 1995 ). Román Esqueda, define a la Inventio desde la retórica griega y desde la latina. En la primera, Inventio viene del griego ranoia, pensamiento, la Inventio es un proceso que busca el pensamiento, específicamente los elementos persuasivos. En la retórica latina, se da un cambio en el tejido social, lo que hace que la retórica cambie. Específicamente, la Inventio debe ser la búsqueda de creencias, intenciones y valores de ciertos grupos sociales. Los retóricos contemporáneos recurren en la Inventio a otras disciplinas para encontrar los valores, actitudes, aptitudes e intenciones ante una circunstancia determinada, tales como sociología, psicología, antropología y ciencias cognitivas. Esqueda hace referencia a la búsqueda de los valores, creencias y argumentos del auditorio en categorías mentales, las cuales están ubicadas en una estrucutura especializada para el espacio, donde se utilizan proposiciones semánticas X está arriba de Y, llamados lóbulos temporales (Esqueda, 2007).

Para Aristóteles la Inventio instaura las pruebas o razones; se establece la acción de encontrar Qué decir. Desde ahí se orientará hacia dos lados, uno lógico para convencer, empleando pruebas que fundamentan la argumentación y otro emotivo para conmover, utilizando creencias del auditorio que pudieran hacerles sentir, como la moralidad (Marafioti, 1995) Ya en la época de Roma, Quintiliano nos diría que la Inventio es la Res, o la cosa en sí. También la entendió como la investigación, el estudio de los materiales y el conocimiento de los instrumentos que se utilizarían en el discurso (García).

Para Cicerón, es el “encuentro o hallazgo” de las ideas. En esta definición se aplica la raíz latina de Inventio que es extraer. Aquí se establece una metáfora donde la Inventio “saca” de algún lugar las ideas, ese “algún lugar” son los denominados tópicos, que Cicerón metaforiza con manantiales (Ozuna, 2009). Algo semejante menciona Mariana Ozuna, al denominar a la Inventio como un proceso abstracto, previo a la creación propiamente dicha, esta operación según Roland Barthes, más que de invención, es de “extracción creativa (Ozuna, 2007) Desde la óptica de la imagen esquema de Mark Jhonson, la metáfora quedaría de la siguiente manera:




En esta definición, Mariana Ozuna se detiene a profundizar la Inventio, al asociarla con el paradigma hermenéutico de Gadamer, al dar por hecho que el manantial de donde se extraen las ideas que forman los argumentos están llenos de interpretaciones históricas que conforman hoy en día a la cultura occidental. Para Mariana Ozuna, la Inventio consiste en elegir un tópico de manera consciente, que sea acorde con el auditorio para iniciar la argumentación. Al decir “elegir de manera consciente”, se refiere a la posibilidad de conocer los tópicos mediante un testigo de la historia: la literatura. A este respecto se puede consultar a Curtius, quien nos dice que la tópica coopera en la construcción de ciertas cosmovisiones comunitarias, representando un almacén de provisiones que puede consultarse en los tópicos literarios, como el del exordio, la falsa modestia, la conclusión, la invocación a la naturaleza, el mundo al revés, etc. De esta manera se puede llegar a encontrar se similitud en narraciones de la antigüedad, con medievales, modernas y contemporáneas. La tópica del mundo al revés pudo lograr esta similitud a través de la historia.

La noción de tópica es cambiante. En Sanmartín, Aristóteles utiliza la tópica como esquemas proposicionales vacíos que permiten ser rellenados con los términos de la proposición debatida, para obtener una proposición (Rivera, 2008). Para Helena Beristáin, un lugar común son los Loci (lugares) ubicados como un almacén de temas esterotípicos o comúnes que son susceptibles de ser tratados nuevamente (Rivera, 2008). En Boecio, los Tópica son un método para hallar argumentos. Los tópica responden a circunstancias y atributos de personas que responde al ¿Quién?, tales como su nombre, naturaleza, modo de vida, fortuna, estudios, etc. y acciones que responde al ¿Qué? Y ¿Cuándo?: consumación, antes, durante y después del hecho, tiempo y oportunidad (Rivera, 2008). En general, el tópico alude a contenidos mentales y esquemas de pensamiento, noción que profundizan George Lakoff y Mark Jhonson, al decirnos que las opiniones compartidas se arraigan en nuestra mente en forma de conceptos metafóricos estructurales que influyen en nuestra conducta, quien puede ser modificada si se logran modificar los tópicos.

En general, la Intellectio es el momento de la reflexión de la controversia entre auditorio y orador, así como del auditorio y de la circunstancia en que se presentará el discurso. La Inventio es la etapa donde se eligen conscientemente los tópicos del auditorio para elaborar el discurso, quienes son creencias vividas y manifestadas a través del lenguaje; es junto con la Intellectio la Res del discurso y plantea el Qué, es decir, el material del que se tejerá el argumento(Rivera, 2008).


Referencias:


Beristáin, Helena (1995). Diccionario de Retórica y Poética, México: Porrúa, S.A.

Esqueda, Román (2007). Seminario de teoría y práctica de la argumentación retórica en el campo de los diseños, México: Universidad Autónoma Metropolitana - Xochimilco.

García García, Francisco (2005). "Una aproximación a la historia de la retórica", Revista de Comunicación y Nuevas Tecnologías Ícono 14, Núm. 5, Madrid.

Marafioti, Roberto (compilador) (1995). "La argumentación : lo mismo y lo nuevo" de Temas de Argumentación, Buenos Aires: Editorial Biblos.

Ozuna, Mariana (2009). Seminario de Tópica y Diseño, México: Universidad Autónoma Metropolitana - Xochimilco.
                            (2007). "¿Qué es diseñar, crear, inventar?, la inventio retórica". tÓpica y diseÑo.
                                         Recuperado de http://topicaydiseno.blogspot.com/

Rivera, Antonio (2008). "El papel del auditorio en la invención (inventio) retórica", Revista Diseño en Síntesis, Núm. 39, México: Universidad Autónoma Metropolitana - Xochimilco.
                        - (2007). La retórica en el diseño gráfico, México: Encuadre, Asociación de Escuelas
                                       de Diseño Gráfico.

sábado, 12 de octubre de 2019

Cartel (affiche): una definición estructuralista


Luis Enrique Peñuelas Carrillo
haguen1386@hotmail.com


Primeramente, tomaremos como primer antecedente en el cartel, su nacimiento atribuido a Tolouse-Lautrec. El cartel surgió dentro de una sociedad modernizada que estaba comenzando a surgir, donde Tolouse-Lautrec comenzó a utilizar la combinación de imagen con texto para delimitar un mensaje claro en sus obras de arte, dirigido a difundir eventos culturales, como el circo (Romero, 2012: 168-171). El cartel fue considerado como un elemento gráfico que servía para publicitar productos, lo cual ha llevado a considerar este momento como el primero de la publicidad (Romero, 2012: 168), separándose del arte, por tener un texto, dentro de la imagen que delimita un mensaje, lo cual lo diferenció del primero (Romero, 2012: 170). Aproximadamente 50 años más tarde, se atribuye el cartel dentro de la disciplina de la comunicación gráfica (Romero, 2012: 170), por ser un medio que tenía imagen, acompañada de un texto que envía un mensaje de forma explícita, delimitada por una frase concisa. Ahora, podemos delimitar una definición de cartel que podría hacer lo que tuvo en común como obra de arte, publicitaria y de comunicación gráfica hasta ese momento. Un cartel es “un anuncio impreso sobre papel o lienzo, con elementos icónicos y escritos que se expone en los muros o espacios públicos” (Pérez y Rivera, 2002:23).

Años más tarde, surgió una corriente de pensamiento que se originó por el giro lingüístico en Francia, el estructuralismo. En este período, uno de sus principales exponentes, Roland Barthes, realizó un análisis de la imagen, en cuanto la relación imagen-texto (Barthes, 1978: 37-38). Hasta ahora hemos ubicado al cartel como un anuncio que tiene un elemento icónico y uno textual. Complementaremos esta visión, con el enfoque estructuralista realizado por Barthes, lo cual nos ayudará a decir que el cartel es una obra de comunicación gráfica que comunica un mensaje por la relación imagen-texto.

Barthes realizó un análisis sobre la relación imagen-texto, específicamente en uno de los 3 mensajes, el mensaje lingüístico, con los conceptos de texto de anclaje y texto de relevo (Barthes, 1978: 37-38). El texto de anclaje, hace referencia al mensaje que impide la polisemia de la imagen, la cual puede dar pie a diversidad de interpretaciones, incluso proyectivas y muy personales. El texto de relevo impide la polisemia, porque impone un sentido a la comunicación. No da pie a confusiones, es un texto tiránico que dicta al que interpreta el mensaje, el mensaje que tiene que entender. El texto de relevo, es un texto complementario a la imagen (Barthes, 1978:37-38). En el texto de anclaje, se impone un sentido a la diversidad polisémica de la imagen, es decir, no se da por una relación de complemento, sino por imposición del texto de anclaje sobre la imagen. El texto de relevo si se interesa por ser complementario a la imagen, es decir, se da dentro de una narrativa que involucra imagen-texto de relevo, por ejemplo, el texto que tiene una historieta, como complemento a sus imágenes (Barthes, 1978:37-38).

Hasta ahora, nos quedaremos con la definición de cartel, ayudada por el estructuralismo, donde el cartel es la relación de la imagen con el texto, ya sea de anclaje o de relevo, para emitir un mensaje.

Ahora ampliaremos la relación imagen-texto desde una metáfora . La imagen podemos visualizarla como un barco, el cual se encuentra sobre el agua. El agua son los sujetos que se llevan el barco hacia un punto del agua o hacia otro, lo mantienen de un lado a otro de forma inestable. Para poder dejar el barco en un solo punto, se requiere de un ancla, esto asegurará que el barco no se deje llevar por el agua hacia cualquier dirección. El ancla, es el texto de anclaje o relevo.

El texto de anclaje o relevo, expone Barthes, tiene que hacer alusión a adjetivos que no sean del objeto mismo. Retomemos el ejemplo que realiza sobre el vestido (Barthes, 1978). Un vestido es tela elaborada con cortes, costuras, medidas, etc. El vestido en tanto su función de vestir, es decir, en las prácticas sociales, donde es utilizado para cubrir el cuerpo, es estudiado por la sociología de la moda (Barthes, 1978: 20). Luego, las implicaciones simbólicas del vestido, es decir, las significaciones que tiene, la forma como la gente concebirá ese vestido que sirve para cubrir el cuerpo, es lo que Barthes llama Moda y tiene que ver con la forma como se representa el vestido (Barthes, 1978: 20), en revistas por ejemplo. La disciplina que estudia los signos que representan al vestido, es la semiología. Ahora sí, retomemos unas líneas anteriores donde decíamos que el texto de anclaje tiene que hacer alusión a adjetivos que no sean del objeto mismo. El objeto mismo se representa con la imagen, es decir, en un cartel, tendremos una imagen del vestido. Ahora, para representar al vestido y darle una carga significativa, que haga ver al vestido más allá de él, utilizaremos el texto de anclaje o relevo. Barthes (1978: 30, 31) nos dice que necesitan ser adjetivos del mundo, es decir, palabras que hablen del mundo, para relacionarlas con el vestido. Por ejemplo, el texto de anclaje que diga “elegante noche”, al lado de la imagen del vestido, hará que entendamos al vestido más allá de su función de cubrir el cuerpo, y lo relacionemos quizá con una fiesta nocturna, donde habrá cierta exigencia de etiqueta. La limitante de este enfoque lo abordaremos desde el hecho que tienen que darse adjetivos del mundo, que hablen más allá del vestido mismo, y que lo relacionen con cuestiones ajenas a sus prácticas sociales del auditorio. Por auditorio se entiende el conjunto de aquellos a quienes se dirige la argumentación (Perelman & Olbrechts-Tyteca, 1989). Es decir, nos interesa el estudio que realiza la sociología de la moda, al enfocarse en los usos que da la gente al vestido, en tanto vestido. La semiología representará al vestido, pero no haciendo alusión a los adjetivos del mundo, porque se haría alusión a adjetivos que alejan al vestido de los usos que les da el auditorio. Se imponen representaciones en el vestido que van más allá del auditorio y que si bien, permite que se genere aspiración en su imaginario, dichas aspiraciones quedan muchas veces fuera de las posibilidades del auditorio, al no dar cuenta de sus prácticas concretas, y en el vestido (entendido como ejemplo de un objeto).


Referencias

Barthes, Roland (1978). El sistema de la Moda, Barcelona: Gustavo Gilli.

Barthes, Roland (1995). Lo obvio y lo obtuso, Barcelona: Páidos.

Cuadrado Hernando, Luis Alberto. “Sobre la configuración lingüística del mensaje periodístico”, Estudios sobre el mensaje periodístico no. 8, (2002), fecha de consulta: 25 de enero 2014, disponible en: (http://pendientedemigracion.ucm.es/info/emp/Numer_08/Art/4-09-1.pdf)

Foucault, Michel (1968). Las palabras y las cosas. Una arqueología de las ciencias humanas, Buenos Aires: Siglo XXI.

Perelman & Olbrechts-Tyteca (1989). Tratado de la argumentación. La nueva retórica, Madrid: Gredos.

Pérez, Alfonso & Rivera, Ana María (2002). Taller de análisis de la comunicación I. Módulo VI El cartel publicitario y propagandístico, Distrito Federal: Colegio de Bachilleres.

Romero García, Andrea. “Desde el cartel artístico de Toulouse-Lautrec hasta la publicidad moderna”, Revista Schema No 1. (enero-junio 2012), fecha de consulta: 1 de febrero de 2014, disponible en: (http://www.polisemiadigital.com/schema/images/revista1/articulo011.pdf)